Cómo

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Una de las acepciones más clásicas del Periodismo de Investigación señala que este es aquel tipo de periodismo que se dedica a sacar a la luz hechos que alguien –generalmente con Poder- quiere mantener ocultos.

No obstante, el cambio tecnológico que afectó (positivamente) al periodismo a partir de la irrupción de Internet, y la consecuente cultura de accountability que se ha generado en torno a ello, han logrado que muchos de esos hechos ya no estén ocultos, sino que descansen a simple vista, perdidos en medio de la infoxicación de conocimiento que es Internet.

En otras palabras, es simplemente que nadie –que sepamos- se ha dado el trabajo de buscarlos, contrastarlos y escribir al respecto.

Eso es lo que nosotros buscamos, trabajando básicamente con tres tipos de documentación: Pública, Desclasificada  y Filtrada.

La información pública es aquella que no ha estado en momento alguno sometida a restricciones de acceso, y que, de hecho, habitualmente se está dando a conocer por medio de Internet. En Chile existen varios cuerpos legales recientes que permiten dicho conocimiento y obligan a los órganos públicos a publicitar sus actos y documentos, siendo el más relevante de ellos la Ley de Transparencia, Nº20.285, que norma –entre otras cosas- la forma de solicitar información pública, directamente hacia el organismo requerido o bien, vía amparo, por medio del Consejo para la Transparencia.

Asimismo, existe una gran cantidad de documentación que está siendo publicada por el Poder Judicial, diversas ONG, universidades y otros organismos, lo que también sucede a nivel internacional.

La información desclasificada, como lo señala su nombre, es aquella que en algún momento fue considerada como “sensible” o “delicada”, la más de las veces por razones de seguridad nacional. Este es un concepto norteamericano, país en el cual está vigente la Orden Ejecutiva 12356, del 06 de abril de 1982, más conocida por su sigla de “EO12356”, que determina que existen tres tipos de documentos sensibles al interior de dicho gobierno:

Top Secret, que se refiere a aquellos cuya divulgación podría causar un daño “excepcionalmente grave” a la seguridad nacional,

Secret, que se refiere a aquellos cuya divulgación podría causar un daño “serio” a la seguridad nacional, y

Confidential, que se refiere a aquellos cuya divulgación podría causar “daño” a la seguridad nacional.

Estos documentos, sin embargo, pueden ser accedidos –en forma parcial- la mayor cantidad de las veces, por medio de las peticiones que se pueden formular a través de las leyes FOIA (Freedom of Information Act), vigente en EEUU desde 1967, y que permite a cualquier ciudadano solicitar información sobre determinada documentación, siempre y cuando esta no se encuentre acogida a nueve excepciones (básicamente vinculadas a Seguridad Nacional, investigaciones criminales en curso  y datos financieros de personas, entre otros).

En el caso de Chile, fue gracias a esta leyes que a fines de los años 90 el gobierno de William Clinton comenzó una iniciativa de desclasificación que se tradujo en la liberación de más de 50 mil documentos sobre nuestro país, que abarcan desde los años 1968 a 1991, aproximadamente, y que muestran de cuerpo entero un retrato de Chile, desde una óptica que es muy distinta de la que se conoció internamente.

Esa documentación proviene en su mayoría de la información diplomática recabada por el Departamento de Estado, pero asimismo existen muchísimos cables, telegramas y otros que pertenecen a agencias policiales (como el FBI) o de Inteligencia (como la CIA, la NSA, el NSC, etc.), y que van mostrando antecedentes inéditos sobre hitos relevantes, directamente relacionados con Estados Unidos, como fue el caso Letelier, pero también sobre otros hechos, como las violaciones a los Derechos Humanos, la gestación del Golpe de Estado de 1973, Colonia Dignidad, etc.

Sin embargo, no es la única fuente de información desclasificada que utilizaremos en DocumentoMedia. Otros países también poseen leyes similares, como el Reino Unido y Alemania.

La información filtrada, finalmente, es aquella que –como es obvio- sí se ha querido mantener oculta, pero alguien ha filtrado a la luz pública, algo que en realidad es bastante afín a la naturaleza humana. Las filtraciones más famosas de la historia reciente se inician con los famosos Papeles del Pentágono, filtrados por el analista Daniel Ellsberg al diario The New York Times (el 13 de junio de 1971); sigue con los documentos secretos de la ITT sobre Chile, filtrados por el columnista Jack Anderson, en marzo de 1972, en el mismo medio, y luego continúa con una gran cantidad de filtraciones, que saltan a internet en 1999, con el listado de agentes del servicio británico de inteligencia externa, el Mi-6, filtrado por el sitio www.cryptome.org, que siguen con la filtración de un mail relativo al espionaje hacia seis países (entre ellos Chile), por parte de la NSA norteamericana, con motivo de las votaciones del  Consejo de Seguridad Nacional de la ONU el 2003, en la antesala de la invasión a Irak, y que alcanza su máxima expresión con los más de 200 mil documentos del Departamento de Estado filtrados por www.wikileaks.org.

DocumentoMedia  trabajará con todas esas fuentes y muchas más que existen en la red, y de preferencia utilizará para sus investigaciones material ya publicado, independiente si es desclasificado, público o filtrado, pero eso no significa que no recojamos otro tipo de documentos a los que eventualmente podamos acceder en forma directa, previo chequeo.

No obstante, el que un documento se encuentre en algún servidor (o llegue a nuestras manos) no significa que sea verdadero o legítimo, así como el hecho de que un documento sea verdadero no implica que su contenido lo sea también. Es por ello que lo que nos proponemos es confeccionar reportajes que se basen primariamente en documentación, pero al mismo tiempo buscaremos fuentes adicionales (ojalá documentales, también) que permitan entender los contextos, explicar los hechos y llegar a las conclusiones más verosímiles.

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