Los misteriosos informantes de EEUU y su común denominador, Colonia Dignidad

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“Garganta Profunda”, el misterioso informante del caso Watergate, en la película “Todos los hombres del presidente”.

En al menos cuatro casos, dos de ellos de gran connotación pública, debido a que implicaron la desaparición de norteamericanos en Chile durante la dictadura, aparecieron informantes que entregaron sorprendentes datos a los representantes diplomáticos de Washington en Santiago. Y, curiosamente, todas las historias que relataron tenían directa o indirectamente un antecedente en común: Colonia Dignidad.

Por Carlos Basso

Al otro lado del mail. Nicolas Robertson, un norteamericano residente en el pequeño pueblo californiano de Ojai, se muestra extrañado. Claro, dice, él conoce Concepción y Talcahuano, pues estuvo entre 1977 y 1978 en ambas ciudades. Incluso, aún conserva queridos amigos en el puerto de Talcahuano, y se ríe cuando rememora que al conocer a algunos parientes de aquellos, estos se emocionaron al saber que era de Ojai, el mismo pueblo donde vivían los protagonistas de la serie Six Million Dollar man (malamente traducida en Chile como “El hombre biónico”): Jamie Sommers y Steve Austin.

Sin embargo, no entiende por qué se le pregunta por las semanas que supuestamente pasó detenido en Colonia Dignidad, hacia 1978, de acuerdo a lo que un misterioso informante llegó a relatar (el 13 junio de ese año) al director de los Peace Corps (Cuerpos de Paz) en Chile, a quien afirmó que un joven proveniente de Ojai, llamado Nicolas, Nick o David Robertson, estaba siendo retenido en la Colonia ya por 11 días, aunque supuestamente no lo habían maltratado. El anónimo informante aseveró que sabía aquello porque él mismo venía saliendo de ese recinto de detenciones ilegales en Parral. Afirmó que Robertson era un hombre de 20 a 30 años, de 5 pies y 7 pulgadas (1.70 aprox.), rubio, de ojos verdes, nacido en California y ex alumno de economía en la Universidad de California.

Agregó que el supuesto detenido era miembro de Amnistía Internacional y, acto seguido, pidió dinero. “La fiabilidad de la información del informante es desconocida”, anotó en un cable al respecto el entonces embajador de EEUU en Chile, George Landau, quien describió en el mismo documento que  las acusaciones que existían sobre dicho campo de concentración –Colonia Dignidad- no habían sido probadas, según él. El diplomático informaba asimismo a Washington que en el consulado en Santiago había dos cartas dirigidas por “Mom” (madre) a un tal Nick Robertson, despachadas desde Ojai. También explicaba que consultadas las autoridades chilenas, resultó efectivo que un tal Nicolas Robertson había entrado a Chile por tierra desde el sur de Argentina, pero los carabineros de Parral desconocían cualquier dato acerca de él, así como las autoridades argentinas.

Afortunadamente, Nick Robertson nunca estuvo preso en Dignidad. Sí permaneció en Chile en esas fechas y entró por el sur, desde Ushuaia. Sí es de Ojai, y sí se esfumó desde Talcahuano, pero por un motivo bastante más pedestre, pues había llegado hasta ese puerto para embarcarse en un buque de investigación, el Hero, “donde pasé seis meses como tripulante”, recuerda. Luego de ello regresó a Estados Unidos, país en el cual se incorporó a la agencia de informaciones oficial (USIA), donde trabajó por 25 años. El 2007 regresó a Talcahuano, y rememora que “la bahía rodeada por los cerros me pareció tan hermosa como la recordaba”. Por cierto, las dos cartas que llegaron a la embajada habìan sido escritas por su madre.

Sin embargo, hay datos en la historia que no cuadran mucho con él. Señala que es 5 pulgadas más bajo que lo descrito por el informante y que, además, su pelo es oscuro, pero él mismo razona que, siendo él el único Nick Roberton que vive o vivía en Ojai (lo que no es difícil de saber, dado que el pueblo posee 10 mil habitantes) “esto suena como varias historias que se mezclaron en una sola, pero dos de nosotros, de Ojai, en el cono sur, es mucha coincidencia”.

El de Robertson es uno de los –al menos- cuatro casos de informantes chilenos que entregaron extrañas y confusas informaciones a diferentes representantes de Estados Unidos entre los años ‘70 y ‘80 en Chile, en casos en que había ciudadanos norteamericanos implicados, “intoxicando” de ese modo a las autoridades de EEUU con información que contenía partes de verdad y de ficción, como en el caso de Robertson, en el cual la motivación parecía clara, conseguir dinero.

No obstante, en los otros tres casos el móvil aún parece difuso. Se trata de los informantes que aparecieron en medio del caso Horman y el caso Weisfeiler, y antes, en el de los hermanos Budnik.

Un patrón que se repite

El primer caso de informaciones anónimas que llegaban a la embajada de EEUU en Santiago contando una historia similar a la de Robertson, se produjo dos años antes, en agosto de 1976, cuando en un largo cable que daba cuenta de las desapariciones forzadas en Chile, se relataba que entre las víctimas había dos acaudalados hermanos de Santiago, los Budnik, quienes se presumía estaban en manos de la DINA, y respecto de los se había perdido el rastro el 22 de julio de ese añ. Un informante cuyo nombre aparece borrado -lo que indica que, a diferencia de lo que pasó con Robertson y en los otros casos, los norteamericanos sabían su identidad- “ahora declara que según un contacto en la Armada Chilena los Budnik han sido llevados a Colonia Dignidad”, lugar respecto del cual indicaba la Embajada de EEUU que, consistente con lo que se les informó años más tarde en el caso Weisfeiler, “mantiene sofisticados equipos de comunicaciones y mantiene estrechas relaciones con otros grupos pro nazi y la DINA”.

Otro documento detalla que los servicios de seguridad no los tenían prisioneros y que, por el contrario, una fuente de la DINA había dicho a un tercero que los Budnik se hallaban “fuera de circulación por algunos problemas financieros”. El 14 de agosto ambos regresaron a su casa, lo que la embajada pudo comprobar el día 20, “después de algunas dificultades” con el rabino judío Angel Kreiman, que –dada la religión de ambos hermanos- había aparecido en medio. Kreiman, dice un cable al respecto, fue muy vago en lo que comentó, pero repitió dos veces que no había existido móviles políticos, asegurando que él haría una declaración pública al respecto el 16 de agosto, la que “no hemos visto”.

En una última información sobre el caso, se relata que Kreiman había aparecido por la embajada, por lo cual aprovecharon de preguntarle al respecto, frente a lo cual aseguró que lo de los Budnik sí había sido un secuestro político, que Pinochet había decidido soltarlos y que como parte de las condiciones para su liberación, debían decir que había desaparecido por su cuenta, por problemas económicos. No obstante, no hizo mención alguna a Colonia Dignidad, sin que hasta el día de hoy se sepa de dónde salió dicha especie.

El hombre de los nazis

El 04 de enero de 1985 el matemático norteamericano Boris Weisfeiler desapareció para siempre en la confluencia de los ríos Los Sauces y Ñuble, a unos 40 kilómetros de San Fabián de Alico, y en una zona de influencia de la Colonia Dignidad. Es, hasta hoy en día, el único ciudadano de EEUU que sigue desaparecido en Chile desde la época de la dictadura, y recientemente la justicia dictó los primeros procesamientos en el caso, en contra de integrantes del Ejército y Carabineros, que están acusados de haber secuestrado al académico.

No obstante, en el líbelo acusatorio no figura ningún miembro de la Colonia Dignidad, tesis sostenida durante varios por un enigmático informante que se hacía llamar “Daniel”, quien apareció ya en abril de 1985 entregando un manuscrito en que había dibujado un mapa, a mano alzada, complementado por otro escrito en octubre, donde decía que Weisfeiler había sido arrestado en el sector del andarivel y que “la clave principal de todo esto son un sgto. y dos cabos de servicio ese día en el retén El Roble”. No obstante, dicha historia, que tiene visos de realidad judicial al menos, en su relato escrito “Daniel” aseveró que lo que sucedía es que en la colonia estaban esperando “a un tal Mengele”, que visitaría a los alemanes de Dignidad, agregando que allí “el profesor, un tal Smith y el mayor Neckerman” recibieron al detenido de parte de los policías. Efectivamente, Paul Schäfer era conocido como “el profesor” o “el doctor”, su segundo era de apellido Schmidt y había  un mayor, Guy Neckelmann Schütz, que era el jefe de la Brigada de Inteligencia de la CNI (Central Nacional de Informaciones) en Parral.

Sin embargo, existía un problema importante: Mengele, el médico nazi Joseph Mengele, el conocido “ángel de la muerte” de Auschwitz, se había ahogado en la playa de Embú (en Brasil) seis años, en 1979. Cierto es que en 1985 existían dudas sobre la identidad del cadáver, que se despejaron en 1992, cuando, luego que se desarrollaran los exámenes de ADN, se aplicara uno al cuerpo.

Ficción y realidad, una vez más.

A medida que transcurrió el tiempo, el informante finalmente se puso en contacto con el consulado de Estados Unidos en Chile (luego de ir a la Vicaría de la Solidaridad) y fue objeto de numerosas entrevistas, en las cuales siempre entregó un mix de elementos verídicos, como datos acerca de Weisfeiler y su documentación, junto a hechos falsos, como un supuesto operativo militar que abarcaba hasta San Fabián, por el arribo de “Mengele”, o que Weisfeiler era agente del Mossad.

Según relataba el vice-cónsul de EEUU en Chile, Phillip Antweiler, en un cable del 20 de junio de 1987, el informante aseveró haber sido parte de la patrulla militar que secuestró a Weisfeiler, que lo habían entregado allí y que en dicho lugar –lo que es efectivo- existía una central de comunicaciones “que era usada por los servicios de seguridad de Chile, Argentina y Paraguay”. Agregó que en la colonia se efectuaban operaciones “de tipo sanitario o quirúrgica, que vienen de Brasil, Paraguay, también de ciertas partes de Colombia”, aseverando que también llegaban allí altos oficiales del gobierno militar, y que Pinochet había estado en ese lugar varias veces.

Todo ello puede parecer sorprendente, pero nada de eso era nuevo o desconocido, pues esas y otras informaciones que “Daniel” entregó respecto de la Colonia y la DINA, eran noticias que habían aparecido en varias revistas de oposición de la época, como Análisis o Cauce, o  que figuraban en el folleto confeccionado por Amnistía Internacional sobre la colonia, en 1977.

En el mismo texto, “Daniel” dejó claro también que él sabía mucho más, ofreciendo información acerca de la nunca aclarada muerte del general Oscar Bonilla y del homicidio del general Carol Urzúa, sobre el cual aseveró que, a diferencia de la versión oficial -en orden a que sus asesinos habían sido miristas- había “elementos” del Ejército implicados en su muerte.

En una segunda entrevista, Daniel dijo que era miembro del Ejército y agregó una información asombrosa –pero lamentablemente falsa-, al afirmar que Weisfeiler seguía vivo y prisionero en la colonia, en 1987. Del mismo modo, dijo que la patrulla que tomó al profesor norteamericano había visto a lo menos en dos oportunidades al interior de la Colonia Dignidad al sicario de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) Michael Townley, pero salvo que la misma patrulla hubiera estado allí antes de 1978, eso sería imposible, pues ese año Townley fue extraditado a Estados Unidos por su responsabilidad en el crimen de Orlando Letelier.

Una vez en poder del FBI, Townley se acogió al programa de protección federal de testigos y, que se sepa, nunca más ha regresado a Chile. Sí se sabe que en la época de esplendor de la DINA, cuando él estaba a cargo del cuartel Quetropillán, fue el responsable de la producción de gas sarín (junto al bioquímico Eugenio Berríos) en ese cuartel, ubicado en la misma casa de Lo Curro donde vivía, y también al interior de la Colonia Dignidad, hacia 1975-76. De hecho, fue gracias las gestiones de Colonia Dignidad en Alemania, en 1975, que Townley pudo ingresar a Chile varios de los elementos necesarios para el laboratorio de armas químicas, pues se utilizaron para ello las franquicias tributarias de las que gozaba la colonia, hasta 1991 una “organización de beneficencia” en Chile.

No obstante, también había elementos verídicos en el relato de “Daniel” sobre la colonia, por ejemplo, que hacía poco se había ordenado “limpiar” el lugar, para no dejar huella de los detenidos desaparecidos asesinados allí, ni mucho menos, de los vehículos de muchos de ellos que la DINA había robado y había ocultado en ese lugar. En 1987 un reportaje de Mónica González en Análisis dio cuenta de la existencia de autos de detenidos desaparecidos en el recinto de Parral, y recientemente la justicia determinó efectivamente que se cavaron seis o siete fosas inmensas, en medio de los bosques, para esconder esos móviles.

En agosto de 1987 el informante apareció nuevamente. Se reunió con funcionarios del consulado de EEUU en la Plaza de Armas de Santiago y entregó los nombres de los cuatro policías (tres suboficiales y un oficial) que hoy en día están procesados por la desaparición de Wesifeiler, lo que permitió que más adelante, y ante la presión que estaba ejerciendo EEUU, agentes de ese país incluso los interrogaran, oportunidad en la cual negaron cualquier participación en los hechos.

Hasta ese momento, luego de dos años de entregar información y manteniendo su identidad en el anonimato, “Daniel” nada había pedido, pero en noviembre de 1987 se aproximó a los norteamericanos y les dijo que su vida estaba amenazada, quedando en el aire la idea de quizá estaba buscando una forma de salir del país.

En 1988 nuevos documentos anónimos llegaron a la embajada, insistiendo en que entre el 03 y el 06 de enero de 1986 se habían intensificado los patrullajes del regimiento Chacabuco (de Concepción) en la zona de San Fabián, debido a la “infiltración de un comando israelí que pretendía sacar de la colonia a un tal Mengele que llegó vía aérea procedente de Recife (Brasil)”. Luego de eso, y de múltiples reuniones de Daniel con los norteamericanos, en presencia de personalidades chilenas como José Antonio Viera-Gallo y Ricardo Israel, nunca más se volvió a saber de él.

El caso Horman

Casi en paralelo a los momentos de mayor actividad de Daniel, apareció otro informante que decía conocer todos los detalles del homicidio del periodista norteamericano Charles Horman, el mismo caso que generó un libro y la posterior película “Missing”. Como relata un cable del 20 de abril de 1987, un informante apareció esa mañana en la embajada de EEUU en Santiago y se reunió por 20 minutos con el funcionario David Dreher. De acuerdo a lo relatado por el desconocido, Horman había sido capturado por una unidad de inteligencia, actuando sobre la base de información que le había sido propinada por “Salas, actual jefe de inteligencia”, señala el documento, refiriéndose a Hugo Salas Wenzel, en 1987 jefe de la CNI. Según el texto, Horman fue llevado al Estado Nacional y asesinado de tres disparos, luego de lo cual su cuerpo habría sido arrojado a las calles “para indicar que había sido muerto durante una confrontación”.

El anónimo informante aseveró que quien tomaba las decisiones en el Estado acerca de quiénes morían, era el coronel Pedro Espinoza. El sujeto aseveró que denunciando lo anterior “sólo quería justicia y que el Sr. Horman padre supiera lo que había pasado a su hijo”, pero al final de la conversación dijo que una vez que contara su historia y se conociera la verdad tendría que abandonar Chile, frente a lo cual mencionó la posibilidad de ir a Estados Unidos. “Deduzco –diría Dreher- que quiere algún tipo de protección del gobierno de Estados Unidos”. Y, por cierto, no era lo único que ofrecía el chileno, pues “también manifiesta saber todo acerca del caso Prats. Si es genuino, puede ser una mina de oro de información”, escribió el diplomático, quien dejó estampado al final del documento que “puede ser un impostor” o un imitador de Armando Fernández Larios, el oficial de Ejército que participó en el crimen de Letelier y que, luego de la extradición de Townley, se entregó voluntariamente a la justicia norteamericana, donde comenzó a hablar no sólo de ese asesinato, sino de muchos otros crímenes cometidos por la DINA, a la cual pertenecía.

Luego del primer encuentro, el informante desapareció por un buen lapso, anunciando que viajaría a Montevideo, y se trató de retomar contacto con éste el 14 de julio de 1987, pero brevemente. Luego de ello no se supo más de él, al menos en la documentación desclasificada.

Por cierto, había algunos elementos de verdad en el relato, el principal de los cuales es la responsabilidad de Pedro Espinoza, actualmente procesado por este caso, pero de acuerdo a lo que ha podido establecer la justicia, hubo una serie de situaciones que el informante desconocía. Uno de ellos es que Horman no fue lanzado a la calle, sino que su cadáver fue enviado al Servicio Médico Legal y luego sepultado en un nicho del cementerio de Santiago.

Otro antecedente que no conocía es que la detención de Horman y su compañero, Frank Teruggi, obedeció a una investigación que se llevaba desde Estados Unidos, por parte de la CIA, en contra de periodistas “subversivos” y que en el espionaje a que ambos eran sometidos desde antes del golpe, pero especialmente en el caso de Teruggi, existen documentos que demuestran una triangulación de antecedentes sobre este, que pasa por Chile, Estados Unidos y Alemania, desde donde se proporcionó a la CIA la dirección de Teruggi en Santiago. Asimismo, al informante le faltaban antecedentes sobre el principal informante que había existido en este proceso, el ex agente de la inteligencia aérea chilena Rafael González Berdugo, cuya participación en este y otros procesos es materia para varios reportajes.

Del mismo modo, lo que el informante tampoco sabía –o no quiso contar- es que en la muerte de Horman estaba implicado un oficial del Departamento de Inteligencia de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (DIA), Ray E. Davis, respecto de quien se solicitó ya su extradición a Estados Unidos.

Y otro dato que el desconocido tampoco parecía saber, es el relativo al enigmático viaje que un oficial de EEUU, seguramente Davis, realizó en los mismos días del homicidio a Colonia Dignidad, como si el mundo fuera un lugar extremadamente pequeño y todas estas extrañas historias terminaran, indefectiblemente, convergiendo al interior del predio de dicha secta, de un modo u otro.

Lee el informe norteamericano sobre Joseph Mengele: