Klaus Barbie, el hombre que sabía demasiado

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Capitán de la Gestapo nazi, fue el autor de incontables crímenes, protegido por la inteligencia norteamericana en Alemania y agente de esta. Tuvo estrechos vínculos con Chile y con el tráfico internacional de armamentos, y participó de modo activo en el gobierno narco que durante 18 meses rigió en Bolivia. Esta es su extensa historia.

por Carlos Basso

A comienzos de los años ‘70, apenas comenzaron a aparecer indicios en Bolivia y Perú respecto de que el conocido hombre de negocios Klaus Altmann, gerente de la empresa Transmarítima Boliviana (TMB), era en realidad el ex capitán de la Gestapo nazi Nikolaus Barbie Hees, buscado por Francia por una serie de delitos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, arreciaron los rumores (ya conocidos en la década del 50) respecto de que Barbie había sido protegido por los norteamericanos tras el término del conflicto, que había sido agente de inteligencia de ellos y que, más aún, lo habían ayudado a escapar de las garras de los franceses, estableciéndolo en Bolivia, donde, entre otros asuntos, se le acusa hasta hoy de haber participado en la captura del famoso “Che” Guevara y la posterior amputación de sus manos.

Recién en 1983, tras una investigación efectuada por Allan A. Ryan Jr., de la División Criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos, al menos los primeros rumores cobraron asidero. En medio de las más de 200 páginas del reporte de Ryan, se detallaba que efectivamente tras el fin de la guerra agentes de los Cuerpos de Contra Inteligencia (CIC) del Ejército norteamericano, estacionados en la Alemania ocupada, captaron a Barbie como agente, lo ocultaron de los galos y posteriormente orquestaron un inmenso operativo en el cual ocuparon la llamada “línea de las ratas” para sacarlo de Europa junto a su familia, provistos de pasaportes falsos, enviándolo a Bolivia. El motivo de tanta preocupación por Barbie queda prístinamente estampado en una de las páginas de la investigación de Ryan: “Su conocimiento de la misión del CIC y sus agentes, subagentes, fondos, etc., es demasiado grande”, señala un documento citado por Ryan. En el informe también se indica que “Barbie sabe más sobre los objetivos del CIC, modus operandi, etc… que muchos agentes del propio CIC”.

En lenguaje cinematográfico, el hombre sabía demasiado y lo hacía notar cada vez que podía. Una de sus frases preferidas era “a los franceses no les conviene arrestarme”, dando a entender que si algún día comparecía ante un tribunal de ese país, diría decenas de comprometedores secretos. 

Un niño común

Ciertamente, ninguno de sus compañeros de colegio jamás se imaginó que el pequeño Klaus, hijo mayor del matrimonio formado por un profesor y una dueña de casa, nacido el 25 de octubre de 1913 en el pueblo de Godesberg, en la zona del Rhin, llegaría a ser tan famoso, al punto que la clásica imagen de las películas que muestran a un cruel nazi de uniforme golpeándose las botas con una fusta mientras interroga cruelmente a su detenido, fue una escena vivida cientos de veces por los miembros de la resistencia francesa, que recordaban cómo Barbie gozaba de torturarlos e interrogarlos siempre premunido de una fusta.

Cuando niño, Barbie era un menor de buen talante y conocido en todo el sector donde vivía. Johann Otter, quien lo conoció en la infancia, relata en el documental Hotel Terminus[1] que en dicha época quizá sólo se cernían dos sombras sobre el pequeño Klaus. La primera era su hermano menor, quien padecía una leve deficiencia mental (murió en 1935), mientras la otra era su padre: “El profesor era grandioso cuando estaba sobrio. Cuando estaba así era una excelente persona, pero cuando estaba borracho perdía el control. Tomaba la regla y golpeaba a cualquiera o a cualquier cosa. Su madre (de Klaus) era una santa al lado de él. Lo único que hacía era trabajar y rezar: una perfecta mujer granjera alemana de Maehren”.

Pese a ello, su infancia y adolescencia parecen haber sido bastante normales. Siempre obtuvo buenas calificaciones y, proveniente de una familia extremadamente católica, era un candidato natural al sacerdocio. Incluso estuvo algún tiempo internado como pupilo en un seminario, pero en 1935, dos años después del ascenso de Adolf Hitler al poder, decidió ingresar a al partido nacional socialista (NSDAP) en Trier, la ciudad donde vivía, desde donde fue enviado a un curso de dos años a la escuela de oficiales de Bernau, donde un joven Adolf Eichmann fue uno de sus instructores. En poco tiempo logró destacarse entre sus pares y fue llamado a formar parte del SD (Sicherdienst, Servicio de Seguridad) del Reich, un brazo de las Schutz Staffel, las infaustas SS, el ejército de élite formado por Heinrich Himmler.

El oficial Barbie

El SD estaba dedicado más que nada a los asuntos políticos y allí Barbie efectuó una carrera ascendente. Un año más tarde se encontraba asignado a las oficinas centrales del organismo y unos meses después, a fines de 1936, recibió el grado de Referent (analista), siendo transferido a la SD de Düsseldorf.

En 1939 fue ascendido a subteniente y en 1940 llegó a ser teniente segundo, trabajando en el departamento de la SD dedicado al control de los movimientos liberales, pacifistas y de ultraderecha. A esas alturas, los organismos de inteligencia interna de Alemania (entre ellos la SD) se habían reordenado bajo el mando de una nueva entidad, el Reichsicher Heitshauptamt (RSHA), del cual se desgajaban seis secciones. Una de ellas, la sección IV, era la Geheime Staat Polizei; es decir, Gestapo, de la cual comenzó a depender Barbie, aunque en sus alegatos posteriores siempre aseguraba que no trabajaba para la sección IV, sino para la sección VI, la policía criminal.

Luego de la invasión a Holanda fue enviado a Amsterdam por un breve lapso y tras ello recibió el grado de teniente primero. En su hoja de vida quedaron estampadas las impresiones de su comandante, quien lo describe como alguien “dedicado por completo e intensamente al trabajo”, labor que califica de “excelente”, agregando que “su conducta como miembro de las SS es irreprochable tanto dentro como fuera del trabajo”.

En 1942 fue transferido a la Gestapo de la ciudad francesa de Lyon, que en ese momento se encontraba ocupada por los nazis, con la connivencia del gobierno colaboracionista establecido en Vichy. Precisamente por ello es que en Lyon comenzó a funcionar un fuerte movimiento antinazi, el Concejo Nacional de la Resistencia, un ente que coordinaba todos los grupúsculos subversivos y al mando de cual el general Charles de Gaulle había dejado a Jean Moulin[2].

La expresión militar de este movimiento era la Armeé Secrete (AS), un grupo que habitaba en las sombras y que se convirtió en el peor dolor de cabeza de la Gestapo. Utilizando tácticas de guerrilla urbana, los miembros de la AS comenzaron a instalar explosivos en diversos objetivos alemanes, sabotear trenes y puentes y atacar soldados, causando varias bajas (la acción más osada que cometieron fue, en 1944, varios meses después de la muerte de Moulin, un bombazo contra el cuartel de la Gestapo).

A tal punto llegó la preocupación por las acciones de la AS, que se creó un grupo especial para combatirlo, el Einsatzkommando (EK), a cargo de Barbie e integrado por un total de 120 agentes de las secciones IV y VI. Pese a que Barbie nunca fue jefe de la oficina de la Gestapo en Lyon (siempre tuvo uno o dos oficiales de mayor rango por sobre él) las acusaciones que lo sindicaban como jefe de la Gestapo devienen de su posición de jefe máximo del EK.

Jean Moulin

A principios de junio de 1943 un integrante de la resistencia, René Hardy, fue detenido por el EK y torturado. Allí se cree (fue absuelto de esta acusación en un juicio posterior) que entregó los datos relativos a una reunión clandestina que se celebraría el 21 de junio en la casa del médico Frederic Dugoujon, en el pueblo de Calouire-et-Cuire, cerca de Lyon, en la cual participarían Moulin y otros altos mandos de la resistencia. Cuando el encuentro se estaba efectuando los EK irrumpieron en el lugar, deteniendo a Moulin (que usaba el seudónimo de Jacques Martel)  y a los demás.

El líder fue personalmente interrogado por Barbie, quien siempre sostuvo que éste murió luego que él lo entregara a sus superiores en París. Pese a ello, Gotlieb Fuchs, quien oficiaba de traductor de Barbie en dicha oficina, asegura[3] en el documental My enemy’s enemyque él vio a su jefe torturar y dar muerte a Moulin.

En una entrevista que concedió en 1975, Barbie miente descaradamente señalando que “no murió en mis manos. Lo interrogué usando agua caliente, el baño de las SS, y lo llevé a Paris. Muchos años después, en 1964, leí que había muerto en el camino a Frankfurt”. No sólo la muerte de Moulin fue un hecho ampliamente destacado en todo el mundo tras la Segunda Guerra (no hay que olvidar que Barbie seguía en Alemania en esa época), sino que entre 1948 y 1950 los CIC dejaron que Barbie fuera interrogado por la policía francesa (en Alemania y bajo la supervisión de los norteamericanos) en cuatro oportunidades, en el marco del juicio en contra de Hardy.

Más aún, el arresto de Moulin le valió una felicitación enviada por el todopoderoso Heinrich Himmler, quien lo saludó “por sus especiales logros en el campo de la criminología y su esfuerzo en combatir una organización de la resistencia”, siendo ascendido a capitán en 1944. Es claramente un insulto a la inteligencia de cualquiera suponer que un hombre tan bien informado como Barbie recién se enteró 20 años más tarde de la muerte del hombre más importante de la resistencia, el mismo hombre que él había arrestado.

Más crímenes

Aparte de la muerte de Moulin, los hechos atribuidos a Barbie en su calidad de alto oficial de las SS, que le costaron en 1987 una condena a cadena perpetua, incluyen un impresionante rosario de torturas de toda clase a distintas personas y quizá el hecho más controvertido de su carrera como oficial: la deportación de 44 niños judíos huérfanos, de entre 3 y 18 años, que se encontraban en el orfanato de Izieu, cerca de Lyon. La mañana del 6 de abril de 1944, efectivos de la Gestapo al mando de Barbie allanaron el orfanato mientras los niños tomaban desayuno. Los subieron a la parte trasera de un camión, en el cual fueron llevados de inmediato a Auschwitz, donde todos fueron ejecutados. Según el cazanazis Serge Klarsfeld, Barbie fue el único oficial nazi que ordenó a las SS que tomaran detenidos a niños.

Capturado y rumbo a Francia.

El 3 de julio de 1987, cuando el presidente del tribunal de Lyon en que estaban juzgado a Barbie estaba por anunciar el veredicto, ofreció la palabra a quien ya era conocido como El carnicero de Lyon. Este, altivo y utilizando eufemismos, dijo “yo no fui responsable de la redada de Izieu. Nunca tuve el poder de decidir quién era enviado a los campos de deportación. Yo combatí con dureza a la resistencia, a la que respeto, pero así es la guerra y la guerra se acabó. Gracias”.

Hacia fines de 1944 Barbie fue internado en un hospital de Baden Baden, a consecuencia de las lesiones que sufrió en un combate. Cuando la debacle comenzaba a tornarse más que inminente, en enero de 1945 la unidad de Barbie fue desmovilizada de Lyon.

Previo a ello, Barbie ordenó que la prisión de Montluc fuera “limpiada”. Así, 109 prisioneros fueron ejecutados a tiros por los miembros de la Gestapo y más de 20 miembros de la resistencia local sufrieron la misma suerte. La idea era eliminar cualquier testigo molesto que pudiera hablar.

Barbie y sus adláteres fueron enviados a Berlín y allí, según la versión de Ted Morgan[4], el capitán de la Gestapo estuvo en el búnker de Hitler, donde “vio una escena que perturbó su sentido de la realidad: Altos oficiales del partido nazi instruyendo a niños de 14 años, de las juventudes hitlerianas, acerca de su deber de proteger al Führer hasta el último hombre. Barbie no era de la escuela ‘debemos morir todos en el búnker’ y fue derivado a Dusseldorf”.

Desde allí, la unidad de Barbie fue enviada a Essen, donde funcionaba la fábrica Krupp y había grandes minas de carbón, cuyos obreros (prisioneros de guerra) se estaban negando a trabajar. Según Morgan, Barbie dijo alguna vez en una entrevista a un diario brasileño, en lo que intentó hacer parecer una broma, que “allí tuve una gran idea: podíamos tirarlos a los piques y ahogarlos”.

Un maestro de las sombras

Tras la confusión que implicó el término del conflicto y la división de Alemania en cuatro partes (controladas por EE.UU., la Unión Soviética, Francia y Gran Bretaña), Barbie se sumergió en las sombras. Lo único claro es que (casado y con dos hijos pequeños) alcanzó a escapar de Essen poco antes de la llegada de las tropas alidas y que nunca abandonó Alemania.

Ya a fines de 1945 los oficiales del Destacamento 66 del CIC, acantonado en Frankfurt, tuvieron información relativa a un grupo de ex miembros de la SS que estaba organizando una suerte de resistencia anticomunista, que era liderado por un tal “Becker”, el primer seudónimo conocido de Klaus Barbie. En un informe norteamericano de comienzos de 1947 encontrado por Allan Ryan, se señala de él que era “un peligroso conspirador”.

Más aún, a esas alturas los norteamericanos ya habían infiltrado a un supuesto ex nazi en el grupo y por ende sabían que la organización poseía ramificaciones en Marburg, Munich y Hamburgo, y que se encontraba reuniendo dinero, armas y equipos de comunicaciones. Curiosamente, un año antes Barbie (que aún no figuraba en CROWCASS, la lista oficial de requeridos por crímenes de guerra) había sido detenido por una patrulla norteamericana, pero había logrado escapar del jeep donde lo transportaban.

Según relató el ex agente del CIC Robert Taylor, la dirección de Barbie en ese grupo estaba destinada a lograr la fuga de criminales de guerra,  pues “ayudó a articular una organización clandestina de las SS, cuyas acciones fueron descritas por Frederick Fosyth en Odessa”, aludiendo al libro que narra la red de ayuda de sujetos buscados por la justicia, que lograron escapar de Europa  a Sudamérica.

Por esas fechas también se determinó que Barbie estaba residiendo en Marburg (cerca de Frankfurt), específicamente en una casa esquina donde entre 1802 y 1805 habían vivido los hermanos Grimm. Debido a la información con que se contaba, se determinó extirpar de raíz al grupo, ejecutándose una operación que recibió el nombre clave de “selecction board”.

La madrugada del 23 de febrero de 1947 los CIC allanaron diversas casas, deteniendo a 70 personas, pero entre ellas no estaba el ex Gestapo, quien usaba también los seudónimos de “Spear” y “Mertens”. Cabe mencionar que pese a que el operativo fue avisado con tres semanas de antelación a todos quienes participarían de él, el 20 de febrero los CIC decidieron no ingresar al número 35 de Barfussestrasse (La casa de Barbie), alegando que ello era necesario con el fin de proteger a una “fuente de información” que allí residía, una supuesta mujer.

No obstante, la superioridad del CIC ordenó actuar de todos modos, alegando que Barbie “es especialmente deseado”. Tal como se mandaba, los agentes de inteligencia allanaron su vivienda, sin encontrar a nadie. En discusiones posteriores, Barbie alegó que a él nadie le avisó de lo que sucedería y que de pura casualidad se encontraba hacía una semana en la casa de un amigo en Kassel, casa que también fue allanada, sin que allí se lo ubicara. Ante ello, Barbie aseveraba que lo sucedía es que había logrado escapar por la ventana, aunque siempre rondó la sospecha que los mismos encargados de su captura le habían avisado con anticipación de lo que sucedería.

La oficina Petersen

Lo concreto es que en ese mismo período, a través de otro ex oficial de las SS de apellido Wenzel, Barbie se contactó en Munich con un informante del CIC conocido como “Walter”, quien dio cuenta de ello a sus superiores. Estos evaluaron que Barbie podría ser una buena fuente de información para penetrar en las redes de inteligencia soviéticas, pero la jefatura una vez más no quiso escuchar nada a favor del ex capitán y ordenó nuevamente su arresto. Hubo dos intentos fallidos, en abril y mayo de 1947.

A fines de mayo, otro informante del CIC, el ex oficial del Abwher (el servicio de inteligencia militar de la Alemania nazi) Kurt Merk, se encontró con Barbie y luego de ello informó al oficial del CIC Robert Taylor, proponiendo su captación como informante y diciéndole que Barbie era un ferviente anticomunista y un “idealista nazi” que aseguraba que los ideales de su partido habían sido traicionados por quienes detentaron el poder, según un informe firmado por el agente.

Pese a que la orden de arresto estaba vigente, Taylor siguió el consejo de Merk y lo puso a la cabeza de una red de espías llamada “la oficina Petersen”, en la cual el segundo al mando era el ex jefe del EK. Pese a que un par de meses después Taylor fue enviado a otro puesto y su reemplazante, Camille Hajdu, redujo la cantidad de informante de “la oficina Petersen” de 52 a 16, mantuvo a Barbie en ella, por sus “excelentes resultados”. No obstante, en octubre de 1947 el superior de Hadju se percató de la existencia de la orden de arresto contra el ex Gestapo, por lo que ordenó que lo detuvieran e interrogaran, en especial por la presunta implicancia del ex capitán en el tráfico de joyas robadas.

Hadju lo defendió con uñas y dientes, hasta que logró que en diciembre se declarase que “las actividades subversivas” del imputado no eran de naturaleza tal que hicieran necesaria su detención, pese a lo cual siguió detenido, pero ya era un avance para los oficiales del CIC encargados de la infiltración hacia los soviéticos… y también hacia los franceses.

Durante los interrogatorios, Barbie relató que en 1946 lo trataron de captar como informante tanto un ex oficial de las SS que vendía secretos militares a rusos y británicos, como un ex diplomático alemán que era informante de los ingleses, pero asegura que rehusó ambas ofertas. Fue entonces cuando concluyeron que dado lo que conocía del CIC, no era conveniente dejarlo preso, aunque recién recuperó su libertad en mayo de 1948.

Un poco antes de aquello, los franceses habían emitido una orden de detención contra Merk, por crímenes de guerra. Sumado a ello la poca capacidad operativa que los CIC estaban notando en éste, Barbie asumió como jefe de facto del sistema de espionaje, cuyo principal foco en dicho momento era lograr penetrar el Partido Comunista soviético y también a los franceses.

Requerido por Francia

En la misma fecha, los galos comenzaron a pedir al CIC que les facilitaran a Barbie en calidad de testigo, por el juicio que se estaba preparando contra René Hardy, quien fue acusado de traición ante un tribunal militar. Los norteamericanos accedieron varias veces (durante 1949 y principios de 1950) a que detectives de la Sureté le tomaran declaración en Alemania, hasta que finalmente los jueces franceses emitieron una citación para que Barbie compareciera en el juicio, pero los CIC simplemente se negaron. Francia solicitó a Estados Unidos que ordenara la “rendición de Barbie” y que lo entregaran, pero ante la negativa pidieron su arresto por crímenes de guerra.

El escándalo reventó públicamente en mayo de 1950, cuando la prensa parisina responsabilizó a Klaus Barbie como el autor de cinco mil muertes y describió sus métodos de tortura, uno de los cuales consistía en quemar a sus víctimas con acetileno. Entre los altos mandos del CIC se ordenó de inmediato investigar por qué ese carnicero estaba entre sus filas, pero los agentes de control respondieron una vez más que no existía constancia de nada de ello y que incluso los detectives de la Sureté siempre lo habían interrogado como testigo, sin mencionar jamás que hubiera acusación alguna en su contra en Francia.

Paris comenzó a presionar más fuerte y como los norteamericanos se seguían negando (pues sabían que él mismo sería enjuiciado si lo entregaban) finalmente el juicio se realizó sin él. El proceso contra Hardy comenzó en abril de 1950 y allí, al ser leídas las declaraciones prestadas por el ex capitán en Alemania, quedó completamente claro que se encontraba bajo la protección de los Cuerpos de Contra Inteligencia del Ejército de Estados Unidos.

Tras ello vino un pedido de extradición, que no fue cumplido pues la policía de Munich dijo desconocer el paradero del requerido, quien oficialmente figuraba como “desaparecido” desde el 28 de abril de 1950. Pese a que los diarios parisinos aseguraban que Barbie vivía en el 38 de Schillerstrasse, en Augsburg, los norteamericanos aseguraban que allí no estaba.

La presión diplomática comenzó a crecer exponencialmente, hasta que el 14 de septiembre de 1950 el alto mando del CIC informó a su gobierno que no se oponía a la extradición del criminal y que ellos no sabían donde estaba, lo que según la investigación de Ryan era falso, pues ya en ese tiempo Barbie y su familia habían sido trasladados a una casa de seguridad del CIC, donde el nazi seguía trabajando, pues llevaban hasta ella a sospechosos para ser interrogados.

Los servicios del nazi

Probablemente nunca se sabrá en detalle cuáles fueron los servicios que Barbie prestó a los norteamericanos. El ex oficial del CIC Earl Browning relata en My enemy’s enemy que “(Barbie) estaba muy orgulloso de su habilidad para interrogar personas. Sabía hacerlo y aplicaba la fuerza que fuera necesaria”. Además, asevera que el ex Gestapo entrenó a los integrantes del CIC en “técnicas, en cómo resolver problemas y cómo hacer las cosas. Era un hombre muy inteligente y tenía mucha experiencia en Francia”.

Otras fuentes señalan que su importancia estratégica estaba dada, además, por sus vinculaciones con el general Reinhard Gehlen, un alto jerarca de la Gestapo dedicado al espionaje en contra de los rusos, quien se rindió el 22 de mayo de 1945 ante el CIC, pasando de inmediato a su servicio. De este modo, se creó una subdivisión llamada “Gehlen Organization” (Gehlen org,) que trabajaba en ese frente, la cual pasó a depender de la CIA cuando esta fue creada en 1947. Gehlen, posteriormente, fue designado por los norteamericanos como director del BND, el servicio de inteligencia de la Alemania Federal.

El ex agente del CIC Edhard Dabringhaus, que fue descalificado por Ryan como fuente poco confiable, asegura que Barbie fue quien advirtió a los norteamericanos, en 1949, que los soviéticos estaban consiguiendo uranio con el fin de fabricar una bomba atómica y asegura que manejaba arsenales ocultos en diversas partes de Alemania, listos para ser usados si se producía un avance soviético a la zona de influencia de Estados Unidos.

Para el historiador John Lotfus, citado en el mismo documental, la razón es mucho más de peso. Según él,  Barbie tenía entre sus informantes a dos importantes políticos franceses, uno de los cuales habría sido André Francois-Poncet, quien fue prisionero de la Gestapo durante tres años, entre 1940 y 1943, y que en 1949 asumió como Alto Comisionado Francés en Alemania. Loftus asegura que por ello es que cada vez que los franceses querían capturar o interrogar a Barbie, éste lo sabía de antemano.

La línea de las ratas

En diciembre de 1950, efectivos del destacamento 66 del CIC se pusieron en contacto con sus pares del destacamento 430, estacionado en Austria, quienes manejaban una ruta de escape del bloque soviético conocida como “La línea de las ratas”.

Esta operaba ayudando a escapar desertores desde la Alemania bajo el dominio ruso, a los cuales transportaban a Salzburg, en Austria, y desde allí a Italia, donde un sacerdote croata llamado Krunoslav Draganovic (quien recibía de 1000 a 1500 dólares por refugiado) los ayudaba a huir a otros continentes, proveyéndoles documentación falsa, principalmente permisos de tránsito, pasaportes de la Cruz Roja y visados de países latinoamericanos. Paralelamente, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitía un informe al consulado del país que recibía a los desertores, avisando que estos eran “de interés para la inteligencia norteamericana”.

Según relata Holger M. Meding[5], en Salzburg el líder de “la Línea de las Ratas”, el agente del CIC Jim Milano, contaba con un edificio llamado “The rat house”, donde alojaban al prófugo, al tiempo que confeccionaban ellos mismos los falsos documentos de identidad con los cuales después Draganovic conseguiría los legítimos. Luego de ello, el sujeto que ayudaban a escapar (conocido en la jerga del CIC como “body”) era llevado hasta Badgastein y desde ese pueblo a Génova, con la complicidad de los guardias fronterizos.

Cuando el CIC se dio cuenta que la situación de Barbie en Alemania era insostenible, proveyeron de una nueva identidad a Barbie, quien pasó a llamarse Klaus Altmann, un simple mecánico nacido en 1915 en la ficticia ciudad de Kronstad y quien declaraba tener un patrimonio de 850 dólares.

El 21 de febrero de 1951 se emitió la orden de viaje temporal número 0121454, que autorizaba a los Altmann a salir de Alemania, y ese mismo día el consulado de Italia en Munich emitió una visa autorizando el ingreso de éstos a Italia. El 9 de marzo ya estaban en Salzburg y tres días más tarde se encontraban en manos del cura Draganovic, quien consiguió pasaportes de la Cruz Roja Internacional para los Altmann y acompañó personalmente a Barbie al consulado de Bolivia en Génova, con el fin de conseguir un visado.

Luego de ello, “Draganovic acompañó a Barbie a Vía Albaro 38, donde fue recibido con un vigoroso ‘¡Heil Hitler!” por los diplomáticos del consulado argentino. El desconfiado Barbie pensó que se trataba de una trampa, pero luego se dio cuenta que el saludo era sincero[6].

Luego de conseguir un permiso de tránsito por Argentina, el 23 de marzo de 1951 “El carnicero de Lyon” se acomodó junto a su esposa Regine y sus dos hijos (Ute y Klaus-Jorg) a bordo de una cabina de tercera clase del vapor “Corrientes”, el cual arribó el 10 de abril a Mar del Plata, comenzando así una nueva etapa en la vida del ex capitán de la Gestapo, la cual seguiría marcada por la muerte, la tortura y una evasión sin par, puesto que en 1952 y 1954 se efectuaron sendos juicios en Francia donde Barbie fue condenado a muerte, acusado de haber participado en 4 mil homicidios, la deportación de 7 mil 500 personas a campos de concentración y de haber participado u ordenado la tortura de otras 14 mil más. Ninguna de esas condenas pudo serle aplicada cuando fue detenido en 1983, debido a que los crímenes prescriben en 20 años en Francia y al hecho de que dicho país derogó la pena de muerte en 1981.

En Bolivia

Cuando Barbie fue finalmente deportado desde Bolivia a Francia en 1983, el único periodista que lo acompañó en ese largo viaje fue el boliviano Carlos Soria-Galvarro, quien lo ametralló a preguntas. Una de ellas era la relativa a sus actividades en el país andino apenas arribó en 1951. En su imperfecto español, aseguró que “el primer día, cuando salí del Hotel Italia, donde vivía, varias noches en la Avenida Manco Cápac, he visto una columna, con pantalón negro y camisas blancas que saludaron con nuestro saludo fascista y era lógico que yo como no tenía idea de la política interna de Bolivia, que yo simpaticé de ver ese grupo, es una cosa psicológica y lógica, ¿no es cierto? Pero nunca entré en la Falange Boliviana Socialista, ni en el MNR, me invitaron varias veces, pero siempre me negué de participar en la vida interior política de Bolivia”.

Según Barbie, tras ello “yo me fui a trabajar a un aserradero adentro, más adentro de los Yungas… tres años y medio y no escuché nada de la política. Lo único que yo me di cuenta, pero era ahí en el bosque, no estuve yo en La Paz, de la Revolución de 1952… de Paz Estenssoro, esta era la primera revolución, pero yo vivía con mi familia en el bosque entonces.

—¿Estaba oculto?

—No, ¿por qué? Yo estaba empleado, empleado de una empresa que se llamaba Aserradero Santa Rosa Ltda. Y le digo francamente, los dueños eran judíos.

—¿Odia a los judíos?

—No, personalmente, en absoluto, yo tengo amigos judíos en La Paz[7].

Tras varios años a cargo del aserradero, Barbie comenzó a forjar una pequeña fortuna que le permitió incluso terminar comprando el establecimiento, luego de lo cual decidió mudarse a La Paz, donde siguió con el negocio de la madera.

La red de América Nazi

A mediados de los 50 también habrían comenzado sus revinculaciones con ex oficiales nazis repartidos en diversos países del continente. Quizá con el que tuvo una cercanía más evidente fue con Friedrich Schwend, un ex mayor de las SS asentado en Lima y quien había estado a cargo del plan de las SS para reventar la economía británica inundándola con libras esterlinas falsificadas, la llamada “Operación Bernhard”, que se retrata en la película “Los falsificadores”. Schwend era, a su vez, el representante en Lima de Merex, una compañía de armamentos formada en Suiza por otro ex SS, Gerhard Mertins, a quien el mismísimo Reinhard Gehlen había encomendado la creación de la empresa con el fin de abastecer de armamento a distintos regímenes.

Schwend, a su vez, poseía vínculos muy estrechos con otros ex oficiales nazis que actuaban como representantes de Merex en distintas partes: Walther Rauff (Chile), Otto Skorzeny (España) y el ex as de la aviación germana Hans Ulrich Rudel (Argentina). Según Ken Silverstein, autor del libro Private Warriors, Schwend y Barbie eran los principales directivos de Merex en el continente y “con la ayuda de sus amigos Rudel y Skorzeny, arreglaron ventas de armas a regímenes de extrema derecha de Paraguay, Chile y España”[8].

Dos biógrafos del nazi más buscado de América durante los años 70, Josef Mengele, Gerald Astor y Gerald Posner, coinciden además en señalar que hacia fines de los años 60, a través de Rudel, y cuando la situación de Mengele se hacía insostenible en Paraguay, Barbie ofreció a éste llevárselo a vivir a Bolivia.

Astor[9] señala que “Rudel había hecho negocios con Barbie en Bolivia, y también con Schwend…” Pese a que no existen evidencias de que Mengele haya estado en Bolivia, según Astor la viuda de Schwend (fallecido en 1980) señaló a una conocida que Mengele se había reunido con su esposo y con Klaus Barbie en Lima. Del mismo modo, el escritor chileno Luis Sepúlveda[10] señalaque existe una foto en la cual aparecen juntos Walter Rauff, Barbie y Mengele.

Lo concreto, en todo caso, es que finalmente Mengele declinó el ofrecimiento de Barbie y “este quedó tan ofendido que cometió una tremenda indiscreción: concedió una entrevista, bajo el nombre de Klaus Altmann, a un periodista de la publicación Estado de Sao Paulo. La médula de sus comentarios se reduce a la siguiente afirmación: ‘Yo soy un  hombre, de los que no se esconden’. Como resultado, señaló su ubicación”, asevera Astor, atribuyendo a esos dichos el fin de su caída.

Posner, en tanto, indica que cuando Rudel ofreció a Mengele irse a vivir junto a Barbie, el primero “se burló de la idea”, pues no quería seguir trasladándose y “se había acostumbrado a la vida solitaria y buscaba refugio en su recién descubierta pasión por las flores, en Mozart y Haydn, en el existencialismo y en los filósofos alemanes”[11].

Otra de las compañías con las cuales Barbie tuvo contacto fue la austríaca Steyr-Puch, a la cual compró en los años 70 treinta tanques Steyr para el ejército boliviano, posiblemente a través de Merex.

Además de esos viejos nazis, aparentemente Barbie también se vinculó con quienes querían resucitar el partido a cómo diera lugar, específicamente a través de una visita que efectuó en 1966 a España, en la cual se reunió con uno de los máximos dirigentes del Cedade (un grupúsculo revisionista fundado por el ex general de las SS León Degrelle), Jorge Mota. Xavier Casals[12] precisa que “Barbie deseaba transmitirle saludos del piloto alemán H.U. Rudel (a quien Mota había escrito anteriormente). Klaus Barbie aprovechó de presentarle a su hijo —residente en Castelldefels (Barcelona)— a Mota. Aquel se convirtió en un personaje próximo a Cedade y constituyó un vínculo entre la organización y Klaus Barbie, aunque sin la importancia que los medios de comunicación le han atribuido”.

Barbie en Chile

Del mismo modo, Barbie estrechó lazos con Chile, donde envió a estudiar a sus dos hijos a principios de los años sesenta. Mientras Klaus-Jorg completó su secundario en el Colegio Alemán de Valparaíso (tras lo cual se fue a Europa), Ute se matriculó en Servicio Social en la Universidad Católica de Valparaíso, lugar en el cual mantuvo una estrecha amistad con el escritor Fernando Emerich, quien la recuerda como “una joven de veinte años, rubia, de ojos claros y cutis de porcelana”[13]. Años más tarde el padre de Ute visitó a la joven y tomó el té en casa de los Emerich, situación de la cual el escritor (quien posteriormente ficcionalizó lo ocurrido en una novela) recuerda especialmente las alabanzas a la torta confeccionada por su madre y la forma en que tocó el piano en la sala de la casa.

En Bolivia, Soria-Galvarro relata que hacia 1964 Barbie comenzó a presentarse como experto en temas marítimos y finalmente logró que se creara la empresa Transmarítima-Boliviana (TMB), de capitales estatales y privados, cuyo objetivo era mover cargas desde y hacia Bolivia utilizando puertos de otros países y también ofreciendo buques para el transporte de diversas mercancías bajo bandera boliviana. Barbie asumió como gerente de TMB, en cuyo directorio, entre otros, se contaba al general Alfredo Ovando Candia, director de la policía secreta (ese año el poder había sido asumido por una junta militar controlada por el general René Barrientos, formado en Estados Unidos y de claras tendencias ulraderechistas). En 1968, una carta de Schwend a las oficinas centrales de Merex daba cuenta del interés de TMB, a cargo de “Herr Altmann”, de comprar buques usados.

Tres años antes de aquello, sin embargo, el Ejército de Estados Unidos había considerado “reactivar” a Barbie para una operación de recolección de inteligencia en América Latina, donde campeaban por todos lados las asonadas militares y los grupos de extrema izquierda que buscaban imitar el éxito de Fidel Castro en Cuba. No obstante, de acuerdo a los documentos recopilados por Allan Ryan, la CIA respondió que “no había interés operacional” en Barbie, quien en 1966 había sido expulsado del Club Alemán de La Paz por haber saludado al embajador de Alemania Federal con el clásico “¡Heil Hitler!”.

Pese a la actitud de la CIA, el ejército insistió y pidió al agregado militar de EE.UU. en Bolivia averiguar el paradero de Barbie. El diplomático respondió que éste se encontraba residiendo en La Paz, pero supuestamente el asunto quedó hasta allí, luego que la CIA advirtiera sobre los crímenes de guerra cometidos por el ex Gestapo.

En octubre de 1967, en tanto, el ejército volvió a insistir en el asunto, más o menos en la misma fecha en que Ernesto Che Guevara fue muerto en Ñancahuazú.

El Che Guevara 

Pese a que la CIA niega haber tenido cualquier contacto con Barbie, Carlos Soria-Galvarro es categórico al afirmar que “información recogida por una red de agentes nazis  en varios países de América Latina era entregada por Barbie a la CIA a través de Ernesto León, funcionario del Ministerio del Interior de Bolivia, el mismo que le pagaba por sus servicios con dinero presumiblemente proporcionado por los norteamericanos”.

Durante mucho tiempo se especuló también que Barbie estuvo detrás de la muerte de Guevara. Su amigo el general (r) Mario Oxá no fue categórico, pero lo dejó entrever: “Hubo una reunión con el mayor Shelton, el instructor del comando que vino de Estados Unidos. Indudablemente (Barbie) dio algunas ideas de cómo se podía combatir a la guerrilla”[14].

Ya a cargo oficialmente de TMB, Barbie viajó a varios países. Uno de ellos fue Francia. Según Oxá, estando allá decidió comprar un ramo de flores y visitar la tumba de Moulin.

Comienza el final

Hacia 1970, una fotografía de la directiva de TMB en la cual aparecía Barbie llegó a manos del matrimonio de cazanazis conformado por Serge y Beate Klarsfeld, quienes se convencieron que el hombre que encabezaba la junta era nada menos que “El carnicero de Lyon”, por lo que comenzaron a buscarlo afanosamente, pero no lo pudieron ubicar en Bolivia, puesto que Barbie, alertado a través de la prensa de que lo estaban siguiendo, decidió refugiarse en El Callao, en Perú.

Recién en enero de 1972 fue encontrado, pero en Lima, donde logró ser individualizado debido a que la hija de Schwend había asesinado a un conde español que las fungía de amante de ella. La joven, escondida en la casa de su padre, fue buscada allí por la policía y los periodistas. Mientras los periodistas asediaban la residencia, un fotógrafo de la Revista peruana Caretas logró fotografiar a un visitante alemán que se encontraba en la casa, determinando que era Klaus Altmann, o más bien, Klaus Barbie. Perseguido una vez más, Barbie decidió regresar a Bolivia, lo que ocurrió el 1 de enero de ese año, según un cable desclasificado enviado al director del FBI.

Un secuestro fallido

Ante ello, los Klarsfeld solicitaron a Francia que pidiera la extradición del nazi, a lo cual el gobierno accedió de inmediato. En paralelo, en febrero de 1972, Beate Klarsfeld viajó a Bolivia junto a una de sus víctimas y varios equipos periodísticos.

Pese a que el gobierno del general Hugo Banzer (también de derecha, que había asumido por medio de un golpe en 1971) ordenó su arresto (argumentando una estafa de 10 mil dólares cometida por TMB, lo que evidentemente hacía primar el derecho boliviano a juzgarlo por sobre el de otro país) y lo trasladó por algunos meses a la cárcel de San Pedro, era evidente que la extradición no iba a prosperar.

En la entrevista concedida en mayo del ’72 al diario O Estado de Sao Paulo, mencionada anteriormente, reconoció que él era Klaus Barbie, aunque aseguró que ese era un seudónimo que usó en la guerra, junto a varios más, debido a que se encontraba a cargo de una “fuerza especial de las SS” en Francia, pese a lo cual seguía negando las atrocidades que se le atribuían, aunque sí admitió haber participado en la detención de Moulin.

A fines de marzo de 1972, sin embargo, los Klarsfeld no habían cejado en su intento de llevarle a Francia y de ello da cuenta otro documento del FBI que señala que Beate Klarsfeld dijo públicamente que estaban pensando en soluciones “más radicales” para lograr su comparecencia ante la justicia.

Inspirados por lo obrado por el Mossad en el caso de Adolf Eichmann (secuestrado en Argentina en 1960, tras lo cual fue condenado por un tribunal en Israel), planificaron un secuestro en su contra, que contaba con un variopinto cuerpo de conspiradores. Los dos más destacados eran el intelectual francés Regis Debray, quien había formado parte del Ejército de Liberación Nacional, ELN (la guerrilla del Che Guevara) y Mónica Erlt, nacida en Munich en 1937, hija del camarógrafo Hans Erlt, quien trabajó con la cineasta de Hitler, Leni Riefenstahl. Tras ser detenido y liberado por los aliados, Hans se mudó en 1950 a Chile y luego a Bolivia, donde hizo amistad con Barbie, a quien Mónica conoció desde pequeña como “el tío Klaus”. Sin embargo, sus destinos fueron muy distintos. Ella se unió a la guerrilla del ELN bajo el seudónimo de “Imilia” y en 1971 fue acusada de ser la mujer que (ayudada por extremistas de izquierda italianos) entró al consulado boliviano en Hamburgo y mató de tres tiros a Roberto Quintanilla, quien había sido uno de los gestores de la muerte de Guevara.

Debido a que sólo se la identificó varios días más tarde, pudo regresar a Bolivia a sus actividades clandestinas, ingresando al grupo que en 1972 pretendió secuestrar a Barbie, plan que finalmente no pudo ponerse en práctica, debido a una falla mecánica que sufrió el automóvil en que pretendían plagiar al nazi.

De todos modos, si les hubiese funcionado, probablemente de poco habría servido. La idea consistía en llevar a Barbie hasta Chile (donde gobernaba el socialista Salvador Allende, uno de cuyos asesores era Debray) y de allí extraditarlo a Alemania. Y les habría servido de bien poco, pues en 1962 Alemania había pedido a Chile la extradición del socio de Barbie en Santiago, Walther Rauff (también capitán de la Gestapo e inventor de las “cámaras de gas”), pero la Corte Suprema chilena se negó, esgrimiendo que el delito de “genocidio” no estaba tipificado en Chile y además que los crímenes prescibían en dicho país a los 15 años. Cuando posteriormente diferentes entidades antinazi pidieron a Allende la extradición, este la negó, basándose en el fallo de 1962 y argumentando que en términos jurídicos, nada podía hacer, pues estaba obligado a respetar las decisiones judiciales.

Barbie en EEUU 

Estados Unidos comenzó a ver con mucha preocupación lo que ocurría y una de sus principales acciones al respecto fue intentar averiguar respecto de si era verdad que Barbie había estado en dicho país alguna vez. Al respecto, el informe de Ryan es categórico y dice que sólo estuvo dos veces en Estados Unidos, en ambas oportunidades provisto de un pasaporte con visa A-2, que eran entregadas a diplomáticos bolivianos a requerimiento de la cancillería de ese país.

El primer viaje fue el 19 de julio de 1969, cuando Barbie entró por Miami (Bajo el nombre de Klaus Altmann). De allí, el 26 viajó por el día a Bahamas y regresó el 27 a La Paz. La segunda ocasión en que pisó Norteamérica (según Ryan) fue cuando ingresó el 21 de enero de 1970, nuevamente por Miami y junto a su hijo Klaus-Jorg, transbordando de inmediato a Bahamas. Luego de ello regresó el mismo día a Miami y desde allí se dirigió a Nueva Orleans y posteriormente a San Francisco, ciudad que declaró en su manifiesto de ingreso como destino final, aseverando que se alojaría en el Número 405 de Montgomery Street, un edificio ubicado en el centro financiero de la ciudad. Respecto de la visita a Nueva Orleans, según lo averiguado por Ryan, el objetivo era reunirsecon W.M. Ayers, representante de TMB en esa ciudad.

Lo llamativo de lo establecido por Ryan (no hay que olvidar que su investigación data de 1983) es que le faltó un viaje. Según un documento del FBI desclasificado el año 1999 (pero fechado el 3 de septiembre de 1983), Barbie estuvo tres veces en el país del norte, la primera de cuyas visitas no figuró en el informe de Ryan. Se trata de un ingreso vía Miami el 25 de julio de 1965, de la cual no figuran más antecedentes, así como tampoco se pudo establecer porqué viajaba por el día a Bahamas.

De vuelta a las andanzas 

En medio de todos estos avatares, Barbie no perdió el tiempo y se inmiscuyó mucho más directamente en la política boliviana y también sudamericana. El 13 de mayo de 1974 la Corte Suprema boliviana denegó finalmente su extradición argumentando que no existía un tratado en tal sentido entre Francia y Bolivia (lo que era cierto) y Barbie finalmente quedó liberado.

Se convirtió en “comandante” del WUNS (Unión Mundial de Nacional Socialistas) boliviano y comenzó a actuar activamente como interrogador de los servicios secretos, aplicando contra izquierdistas bolivianos las mismas torturas que había utilizado en la Segunda Guerra. En 1977, según Soria-Galvarro (citando al periodista Peter MacFarren), participó en una reunión en la cual hubo distintos representantes de los servicios de inteligencia chilenos, bolivianos y argentinos, congregados en el “Plan Cóndor”, la coordinación de los organismos represivos de las diversas dictaduras latinoamericanas.

Un par de años antes, Bolivia había comenzado a convertirse en el epicentro del narcotráfico internacional. Grandes extensiones de cultivos fueron reemplazados por plantaciones de coca, siendo el principal traficante el ex hacendado Roberto Suárez, quien en alguna ocasión se ofreció a pagar la deuda externa de su país. Tal como se denunció a principios de los años 80, Bolivia se estaba convirtiendo en un narco-estado.

En ese contexto, se sucedieron varios atentados terroristas y asonadas golpistas, hasta que finalmente el general Luis García Meza ganó la mano, quedándose con el poder tras un golpe ejecutado el 17 de julio de 1980. Este nombró al coronel Luis Arce Gómez como su Ministro del Interior y este, a su vez, entregó a Barbie la dirección de los escuadrones paramilitares que venían formándose al menos desde 1978 en función del tráfico de cocaína, los tristemente célebres “Novios de la muerte”. Formalmente, Barbie aparecía como uno de los jefes del Servicio Especial de Seguridad (SES).

Los Novios de la muerte

Su carné del Ejército boliviano.

La relación entre Arce Gómez y Barbie, en todo caso, venía desde antes. Según diversos testimonios, el golpe de estado de García Meza se planificó en el restaurante “Bavaria”, donde se reunían los paramilitares encabezados por Barbie al son de marchas germanas. Según relata Soria-Galvarro, el testimonio de uno de los ex miembros de los “Novios de la muerte” relata la forma en que Barbie planificó su creación: “un día fue a visitarnos Klaus Altmann… nos dijo: “el tiempo ha llegado, hay que barrer con este gobierno para evitar que Bolivia se convierta en una segunda Cuba. Con otros camaradas extranjeros estamos organizado un servicio de seguridad…”.

Además, existe una copia de un carné del Ejército boliviano entregado el 12 de enero de 1980 a Klaus Barbie, en el cual se lo nombra teniente coronel ad honorem del Ejército. Del mismo modo, existe una llamativa “acta de lealtad” de la misma fecha,firmada entre “Klaus Altmann” y Arce Gómez, en la cual el primero se compromete a “prestar servicios de orden incondicional con el Ejército de Bolivia dentro de la especialidad de Inteligencia… a participar directamente en planeamiento y operaciones que requiera el Ejército de Bolivia y donde se requiera mi participación activa… y a guardar la reserva de todo cuanto se realice, exista, conozca o participe poniendo como garantía mi vida”.

Una de las piezas claves en el andamiaje de los paramilitares fue el desertor del ejército de Alemania Federal Joakín Fiebelkorn, quien era el jefe de seguridad del narcotraficante Roberto Suárez Gómez (primo de Arce) y que además estaba a cargo de los despegues de los cerca de 30 aviones que llevaban las hojas de coca a Colombia. Fiebelkorn se rodeó de numerosos neonazis alemanes, fascistas argetinos, desertores de la legión extranjera francesa y neofascistas italianos, entre ellos Stefano Delle Chaiae (quien tuvo un estrecho vínculo con Paul Schafer y Michael Townley en Chile) y otros como Pierluigi Pagliani, Sandro Saccucci y Carmine Palladito; además del ex carabinero italiano Marco Marino Diodato, vinculado a la mafia.

El propio Fiebelkorn, entrevistado en My enemy’s enemy,recuerda de aquella época que ellos eran el cuerpo de inteligencia que apoyaba a Arce Gómez y que se trataba de sujetos “muy adiestrados, muy conocedores de terrorismo, de manejo de inteligencia y de manejo de torturas”, agregando que “los militares se hicieron cargo del tráfico de drogas” (Arce Gómez estuvo preso hasta el 2007 en Estados Unidos por delitos vinculados al narcotráfico).

Viaje a Cayena 

Tras los 18 meses que duró el régimen de los narco-militares, Barbie siguió moviéndose con cierta libertad, pero golpeado internamente. En 1982 su hijo, Klaus-Jorg, murió en un accidente de Alas Delta en Cochabamba (Bolivia) y el mismo año Regina, su esposa, falleció de cáncer. Finalmente, el nuevo gobierno democrático encabezado por Hernán Siles Zuazo, que accedió al poder el 10 de octubre de 1982, decidió deshacerse para siempre del molesto huésped alemán, a quien tomaron detenido a fines desde enero de 1983, ingresándolo por segunda vez al penal de San Pedro, ante la presión del gobierno francés, encabezado por Francois Miterrand, quien era estrechamente asesorado por Regis Debray.

Sin embargo, el asunto legal seguía penando, pues aún no existía un tratado de extradición entre ambos países. El periodista Gustavo Sánchez, que en ese momento trabajaba para el Ministerio de Información (y que en 1972 había sido parte del grupo formado por Debray y Erlt que pretendió secuestrar a Barbie) relata[15] que finalmente optaron por acusarle de la estafa de 10 mil dólares que le habían imputado 10 años antes, en contra de la Comisión Minera Boliviana. Raudo, Barbie sacó su chequera y enteró el monto. Ante ello, le cobraron los intereses, los que Barbie no pudo cancelar. Mientras sus amigos reunían el dinero, se optó por devolverle la libertad a Barbie, sólo para volver a tomarlo detenido a la salida del penal, esta vez con un decreto de expulsión en su contra, acusado de haber falsificado los documentos con que había obtenido la nacionalidad boliviana.

Sin que Barbie entendiera muy bien lo que ocurría, el 4 de febrero lo llevaron al aeropuerto de El Alto y lo subieron a un avión Hércules de la Fuerza Aérea Boliviana, dándole a entender que lo deportaban a Alemania. Sin embargo, ya estaba todo coordinado con Debray, quien había dispuesto que un fiscal francés y un avión de este país esperasen a Barbie en el aeropuerto de Cayena, capital de la Guyana Francesa, con el fin de llevarlo a Lyon.

En el viaje, Barbie fue acompañado por Carlos Soria-Galvarro, que en ese entonces era director de noticias del canal 7 de televisión boliviana. Convencido que regresaba a su país natal, no se veía especialmente derrotado. Dijo que no tenía nada de que arrepentirse “personalmente” y que el saldo de su vida era que “he sufrido mucho”. Intentó justificar lo obrado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y calificó de injustos los procesos llevados en Nuremberg contra los ex jerarcas nazis. Del mismo modo, aseveró que su situación únicamente obedecía al hecho de que habían perdido la guerra: “El que gana la guerra tiene la razón. Si usted ha estudiado historia, usted conoce la palabra Vae Victis de los romanos, esa es la base, el que pierde la guerra pierde todo y el que gana, gana todo”, aseveró a Soria-Galvarro.

Su apostura, sin embargo, cambió radicalmente la madrugada del 5 de febrero, cuando el Hércules aterrizó en Cayena, donde lo esperaba un fiscal y policías franceses, quienes le comunicaron que iba a ser trasladado a Francia para ser juzgado por ocho cargos por crímenes contra la humanidad. Lo cambiaron de avión y, tras varias escalas, finalmente fue ingresado a las 22.30 horas (de Francia) en la cárcel de Montluc, la misma que él había “limpiado” antes de que su unidad fuera desmovilizada.

En definitiva, Barbie fue finalmente internado en la prisión de San José, acusado la muerte de 23 personas en Lyon en 1943, como represalia por un atentado cometido contra dos soldados alemanes; por la detención y torturas cometidas en contra 19 franceses ese mismo año; por la deportación de 86 personas pertenecientes a la Unión Generale des Israélites de France; por el fusilamiento de 44 prisioneros entre 1943 y 1944, por la muerte de una cantidad indeterminada de personas, ocurrida tras un asalto del EK a la estación de ferrocarriles de Oullins; por la deportación de 650 personas a los campos de concentración de Auchwitz y Ravensbruck; por el fusilamiento de más de cien personas en agosto de 1944 y por el episodio de los niños de Izieu.

El juicio 

En el juicio en Lyon.

Tras una serie de dilaciones del juicio, entre ellas una debido a que en febrero de 1987 Barbie debió ser operado de urgencia por un cáncer prostático, finalmente el proceso en su contra se inició el 11 de mayo de ese año, y durante las ocho semanas que duró se escuchó una serie de impresionantes testimonios relativos a la crueldad con que el ex militar había actuado durante sus años como oficial de la Gestapo y jefe del EK.

Su defensa fue asumida por un peculiar personaje, el abogado francés Jacques Verges, un sujeto que además de defenderlo a él, representó a los líderes de los Jemeres Rojos de Camboya, así como (más adelante) a Illich Ramírez Sánchez, más conocido como “Carlos El Chacal”.

Los planteamientos de obediencia debida de Verges, sin embargo, no convencieron a nadie, y es que los testimonios presentados allí resultaron fuera de toda humanidad.

El modus operandi de Barbie consistía en comenzar interrogando en la posición del “policía bueno”, conversando amigablemente con sus detenidos, para luego, una vez que estos no hubieran confesado, comenzar con las sesiones de tortura. La más común consistía en llevar a los arrestados hasta el sótano de Montluc, donde los colgaba de las muñecas por varios días, al tiempo que él y otros miembros de la Gestapo los golpeaban. Cuando los torturados se desvanecían, aparecía un médico que los reanimaba y luego de ello Barbie volvía a ser “el policía bueno”. Les ofrecía agua, conversaba con ellos, les decía cómo admiraba la consecuencia de la resistencia y los impulsaba a confesar. Si ello no ocurría, comenzaba de nuevo la rutina, que habitualmente se extendía por varios días.

Barbie escuchó las acusaciones en su contra los primeros tres días del juicio, luego de lo cual ejerció su derecho a no estar presente. Pese a ello, siguieron desfilando en el estrado decenas de personas (entre ellas el premio Nobel Elie Wiesel y la escritora Marguerite Duras) que relataron desgarradoras historias, como la de Fortunee Benguigui, de 83 años, quien perdió en Izieu a sus hijos de 12,7 y 5 años.

Un momento especialmente emotivo fue cuando una foto en que aparecían los tres niños fue entregada a los jurados, al tiempo que la madre susurraba “es lo único que tengo de ellos”. Marcel Stourdze sólo dijo que “la boca no puede expresar por lo que pasamos”.

Otra testigo, Lucien Margaine, relató que fue torturada por Barbie en mayo de 1944, a resultas de lo cual la sangre que cubría su espalda manchó el papel mural de la oficina en que la tenían, lo que enfureció al jefe del EK, a tal grado que la golpeó con una cadena de bicicleta, fracturándole una vértebra.

Tres psiquiatras prestaron su testimonio durante el juicio, intentando explicar su crueldad. Uno de ellos creía que el ex capitán era simplemente un conformista, un sujeto que aceptaba todo lo que le decían; el segundo aseguraba que se trataba de una persona carente de empatía y sentido del humor, mientras que para el tercero los trastornos antisociales del imputado derivaban de que habría nacido antes que sus padres se casaran y que ello, en un ambiente estrictamente católico, lo llevó a considerarse siempre a sí mismo como un usurpador, sin lugar en la sociedad, por lo cual buscaba legitimarse, lo que recién halló al interior del partido nazi.

El 4 de julio el jurado emitió su veredicto: Culpable de 341 cargos de crímenes contra la humanidad, siendo condenado a presidio perpetuo de por vida, con la posibilidad de solicitar beneficios carcelarios el año 2002, lo que nunca pudo visitar, pues Klaus Barbie murió la noche del 25 de septiembre de 1991, a los 77 años, en un hospital de Lyon donde había sido transferido tres semanas antes, debido a las múltiples dolencias que le afectaban: cáncer espinal, a la sangre y la próstata.

Tal como lo señaló el periodista Ted Morgan[16], que presenció todo el proceso contra Barbie, “junto con Nuremberg, que tuvo lugar un año después de la victoria aliada, y el caso de Adolf Eichmann 26 años después, este fue uno de los tres juicios de guerra en el occidente, pero difirió de los otros porque Klaus Barbie hizo más que firmar papeles y dar órdenes. El torturaba personalmente a sus víctimas. Le gustaba su trabajo, consiguiendo satisfacción al extraer la información de forma brutal”.

Lee el informe de Allan Ryan (en inglés):


[1] Ophüls, Marcel (director), “Hotel Terminus, the life and times of Klaus Barbie”, Estados Unidos, 1988.

[2]Le jour de Glorie”, Revista Time, 03 de febrero de 1947.

[3] MacDonald, Kevin, “My enemy’s enemy”, Estados Unidos, 2007.

[4] Morgan, Ted, The Barbie File, The New York Times, New York, 10 de mayo de 1987.

[5] Meding, Holger M., “La ruta de los nazis en tiempos de Perón”, Emecé editores, Buenos Aires, 2006, pág. 121.

[6] Goñi, Uki, “Perón y Los alemanes”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1998, Pág. 267.

[7] Soria-Galvarro, Carlos, “Extrema derecha,  pasado y presente”, Ildis y Goethe Institut, Ed. Plural, La Paz, 2003.

[8] Silverstein, Ken, “Private warriors”, Verso Editions, Nueva York, 2000, pág. 126.

[9] Astor, Gerald, “Mengele, el último nazi”, Ediciones B, Barcelona, 2006, págs. 205-207.

[10] Burnside, Patrick, “El escape de Hitler”, Editorial Planeta, Buenos Aires, 200, pág. 359, citando una columna escrita por Sepúlveda en el diario Il Messaggero del 14 de agosto de 1996.

[11] Posner, Gerald, y Ware, John, “Mengele, el médico de los experimentos de Hitler”, La esfera de los libros, Madrid, 2005, pág. 359.

[12] Casals, Xavier, “Neonazis en España”, Grijalbo, Barcelona, 1995, pág. 71.

[13] Guerrero, Pedro Pablo, “Klaus Barbie en Viña”, El Mercurio, 24 de febrero de 2008.

[14] MacDonald, Kevin, op. cit.

[15] Vargas Saldías, Miguel, “La captura”, revista Escape, diario La Razón, La Paz, 28 de septiembre de 2008.

[16] Morgan, Ted, “Voices from the Barbie Trial”, New York Times, 2 de agosto de 1987.