La desaparición de Boris Weisfeiler y los procesamientos dictados por su secuestro

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Por Carlos Basso

El 25 de diciembre de 1984 el profesor de matemáticas de la Universidad Estatal de Penssylvania, Boris Weifeiler, llegó a Santiago vía Lan, desde Estados Unidos. Hombre solitario y aficionado al hiking, habituaba realizar viajes a parajes exóticos, como era el Chile de 1984, un país en estado de sitio. Apenas descendió en Pudahuel, tomó un bus con destino al sur. El 25 de diciembre en la noche alojó en el hotel Mariscal Alcázar, de la ciudad de Los Angeles, luego de lo cual tomó un bus hacia la zona de El Abanico. Tras ello partió a la Laguna del Laja, en la precordillera.

Desde allí siguió camino al norte, bordeando la cordillera de los Andes. Pasó por detrás (literalmente) de la ciudad de Chillán y llegó a la comuna de San Fabián de Alico, en la precordillera y a pocos metros del límite entre las regiones Octava y Séptima, a unos 120 kilómetros de distancia del lugar desde el cual partió.

El 4 de enero, tras pasar cerca del control del retén de Carabineros de El Roble, Weisfeiler llegó hasta la confluencia de los ríos Ñuble y Los Sauces, donde fue visto por última vez por el campesino Luis Alberto López Benavides, quien posteriormente se suicidó en el mismo lugar. Desde entonces se perdió todo rastro del extranjero, cuya mochila fue hallada varios días después en sospechosas condiciones.

Una investigación llevada a cabo por el Segundo Juzgado del Crimen de San Carlos estableció que Weisfeiler probablemente se había ahogado tratando de cruzar el río Ñuble. En marzo de 1985, para el gobierno chileno, el caso estaba oficialmente cerrado.

Sin embargo, en Estados Unidos, su hermana Olga nunca se conformó con esa respuesta, y así fue como el 2000, luego de la masiva desclasificación de documentos sobre Chile realizada por el gobierno de Bill Clinton, activó una querella criminal en contra de los posibles responsables, a través del abogado Hernán Fernández, el mismo hombre que persiguió a Paul Schäfer. La elección del profesional no fue casual, sino fruto del hecho de que, en medio de los cientos de cables desclasificados sobre el caso, aparecía con persistencia un posible implicancia de Colonia Dignidad en los hechos.

Sin embargo, hasta este momento ello no se ha probado judicialmente, aunque hoy la causa, actualmente en manos del juez especial Jorge Zepeda, arrojó los primeros procesados: ocho ex carabineros y ex militares, quienes fueron acusados de secuestro calificado. Los policías son todos suboficiales pertenecientes al retén “El Roble” en aquellas fechas, además de un oficial, mientras que en el caso de los militares, se trata de dos subtenientes y dos sargentos del regimiento Chacabuco de Concepción.

La primera investigación

La desaparición de Weisfeiler se oficializó el 18 de enero de 1985, cuando el consulado de EEUU en Santiago fue advertido por amigos de este que no había regresado a Estados Unidos, lo que debería haber ocurrido a más tardar el 15 de enero. Debido a ello partió al sur el vicecónsul Edward Arriazalbaga, que estampó la denuncia ante el Juzgado del Crimen de San Carlos, luego de hablar con la policía uniformada y enterarse que la mochila del desaparecido había sido encontrada en la confluencia de los ríos Ñuble y Los Sauces.

Según declaró el diplomático al tribunal, “el citado ciudadano norteamericano fue visto por última vez el día 4 de enero de 1985 en los alrededores del sector Los Mayos, San Fabián de Alico, lugar que fue rastreado por Carabineros del Retén El Roble y en el cual se encontraron diversas huellas que conducían a orillas del Vado Viejo, donde confluyen el río Ñuble con el río Los Sauces, presumiéndose que haya intentado cruzar dicho cauce. Posteriormente, el día 15 de enero en curso, Carabineros de la subcomisaría de San Fabián encontraron en el sector La Puntilla una mochila de color verde con especies y documentación, entre las cuales se puede señalar una tarjeta de crédito internacional VISA, algunas monedas de dólares, pesos chilenos, brújula, carpa, saco de dormir, los zapatos y ropa de vestir, todo lo cual quedó entregado bajo un acta de recepción en el Juzgado de Policía Local de San Fabián”.

Algunos días después el magistrado entrevistó a José Aníbal López Benavides, de 33 años en ese entonces, quien relató que el 3 de enero “yo me encontraba en mi trabajo ubicado en Valle Hermoso, esto queda en el cajón del Ñuble, y llegó el presunto desaparecido al lugar como a las 17.30 horas. Como no le entendíamos, solamente le ofrecimos de comer y alojamiento mediantes gestos, lo que aceptó. Le convidamos leche fresca y luego salimos a pescar y comimos salmones con papas y cebollas y pan. Después de comer el señor preparó su equipo para dormir”.

Dijo que al día siguiente tomaron té con él y luego, a eso de las 9 “nosotros lo cruzamos a caballo el río Ñuble en el lugar de Valle Hermoso, distante unos 18 kilómetros al sur oriente del retén de Carabineros El Roble”.

Luis Alberto Benavides, hermano del primero, lo vio pasar afuera de su casa y avisó a los uniformados: “iba con buen camino, con vestimenta tipo militar y pensé que era militar, con barba de unos 4 días. Como unas dos horas después vine al retén a avisar de la pasada de este señor, para lo cual debí andar unos 45 minutos a caballo al interior de la cordillera, ya que el retén queda más hacia la frontera y a nosotros nos tienen encargados si vemos cruzar a alguien, ya que es el único camino posible, (que) avisemos a Carabineros porque a veces ocurre que el personal de la dotación anda haciendo patrullaje hacia la frontera o alrededor de los cerros, pudiendo ocurrir que alguien cruce inadvertidamente e ingrese ilegalmente hacia el país. Allí me encontré con el sargento Eustaquio Soto Vásquez, a quien le informé de lo que había visto y el sargento Soto me dijo que él iba a informar al jefe”.

Según relató, al día siguiente fue entrevistado por el jefe de la subcomisaría de San Fabián, el capitán Luis Fernández Catalán, a quien repitió lo anterior.

Concordante con lo dicho anteriormente, al menos en las horas, fue la declaración del sargento segundo Jorge Andrés Cofré Vega, jefe del retén El Roble, quien indicó que efectivamente, a las 19.10 horas de ese día, el sargento Soto le informó de lo dicho por Luis López: “(este) le dio a conocer (a Soto) que alrededor de las 17 horas había pasado por su domicilio un desconocido, al parecer extranjero, quien iba en dirección a Los Sauces, distante del retén El Roble 12 kilómetros al nor-poniente, por lo que dispuse efectuar un patrullaje, haciéndome acompañar por el sargento antes mencionado y por el cabo segundo José Arias Suazo. Llegamos al lugar de Los Sauces alrededor de las 20 horas, constituyéndome en el andarivel ubicado sobre el río Los Sauces, frente al domicilio de Marcial Sandoval Concha, quien es el encargado de dicho carro y al cual consultamos si había llegado a este lugar un desconocido, a lo cual nos contestó que no había llegado nadie a ese sector. En el lugar se encontraba una patrulla militar del Regimiento Chacabuco de Concepción, los cuales nos cooperaron a rastrear la ribera oriente del río Los Sauces, donde se encontraron las huellas de este desconocido, dejando una huella notoria de zapato suela ‘Tanque’, las cuales se encontraron en la orilla del río Los Sauces, alrededor de 150 metros al sur del Carro, las cuales se notaba que trataban de vadear el río y posteriormente se pierden en Vado antiguo del río Los Sauces, ubicado en la desembocadura de este al río Ñuble. Como no se obtuvo un resultado positivo dispuse una pareja para al otro día rastrear el río antes mencionado por ambos costados. Yo me dirigí a la subcomisaría en vehículo facilitado por el jefe de la patrulla militar para dar cuenta de este hecho al señor subcomisario de San Fabián, capitán Guillermo Fernández Catalán. Al día siguiente acompañé al señor subcomisario al lugar del hecho, donde rastreamos ambas riberas del río Los Sauces, acompañados de lugareños del lugar (SIC), sin resultados positivos”.

Cabe mencionar que los policías fueron incluso interrogados posteriormente por personal del Consulado de EEUU, y siempre mantuvieron la misma historia. 

Los militares

Los policías declararon que era normal que hubiera patrullas militares en el área, familiarizándose con la cordillera y vigilando los marcadores fronterizos a lo largo de la frontera chileno-argentina. Las patrullas aparentemente tenían una ‘instalación’ en la casa de Marcial Sandoval, donde guardaban provisiones y pasaban la noche, si era necesario. Todos los carabineros indicaron que la patrulla militar que encontraron venía desde Chillán a un área llamada Pichi-Rincón, y negaron que hubiera algún movimiento militar inusual o extremadamente fuerte en el área durante ese período. Tal como figura en los documentos desclasificados, la patrulla a la cual hacían referencia estaba comandada por los subtenientes Antonio Cortés Aravena y Luis Pardo Fernández, e integrada además por los sargentos Gabriel Díaz Morales y Héctor Aedo Toro.

La CIA y Dignidad

El 22 de febrero de 1988, la Embajada de Estados Unidos en Santiago emitió un cable detallando los esfuerzos hechos tras la pista de Boris, en el cual se aseguraba que desde enero de 1985 se había indagado dos pistas básicas: La primera se sustentaba en un misterioso informante llamado “Daniel” quien aseguraba que él formaba parte de la patrulla militar, que esta lo había detenido al confundirlo con un espía del Mossad, y que luego de ello lo habrían entregado a Colonia Dignidad, versión que “Daniel” contó en numerosas variantes, aseverando incluso que la detención se habría originado porque en Dignidad estaban esperando a un importante líder nazi: Joseph Mengele. En efecto, como lo señaló en 1980 el cazanazis Simon Wiesenthal, siempre existieron presunciones acerca de la posible presencia de Mengele y otros criminales nazi en Dignidad, pero había un detalle gigantesco en que “Daniel” no reparó, y es que para principios de 1985, Mengele llevaba ya varios años muerto (pues se ahogó en la playa de Embú, en Brasil, en 1979). No obstante, en las informaciones que entregaba siempre parecía haber ciertos elementos de verdad e incluso por ello durante años se indagó la posibilidad de que Weisfeiler estuviera vivo al interior de la colonia, versión entregada por “Daniel” a los oficiales consulares de EEUU.

No obstante, había una segunda línea de investigación mucho menos enrevesada y se sustentaba en otra fuente, que se acercó a los agentes de la CIA en Santiago, y que aparentemente fue tomada en cuenta por el ministro en visita Jorge Zepeda para emitir su fallo, la cual guió a los americanos por un derrotero distinto, culpando de los hechos a los militares y los policías, y restándole cualquier credibilidad a “Daniel”. De acuerdo a esta fuente, uno de los carabineros había contado a otro policía (que no estaba involucrado en los hechos) que Weisfeiler había sido encontrado por los militares, golpeado fatalmente mientras era interrogado y finalmente lanzado al río.

“La fuente dijo que habría sido natural para la patrulla sospechar de un extranjero viajando en el área y pensar que una persona así podría ser un espía infiltrándose en Chile dese Argentina”, explicaba el cable de la CIA.

El fallo

En la resolución dictada por el ministro Zepeda, se sometió a proceso y se despachó orden de aprehensión en contra de los tres suboficiales de Carabineros (Cofré, Soto y Arias), el capitán de esa misma policía (Fernández), los subtenientes de Ejército (Cortés y Pardo)y los suboficiales de Ejército (Díaz y Aedo), todos acusados de secuestro calificado.

De acuerdo al auto de procesamiento, entre el 3 y 5 de enero de 1985, “funcionarios de Carabineros de la avanzada fronteriza del retén ‘El Roble’, situado en el cajón del Ñuble, límite oriente de la República de Chile con la República Argentina, son advertidos que un caminante, el que viste ropa tipo militar, se desplaza por su sector de vigilancia en la frontera en dirección este al oeste, los que, al presumir el ingreso ilegal del desconocido por los pasos fronterizos desde Argentina al territorio nacional se alarman debido a la ropa militar que se les ha indicado vestiría el desconocido, la que le da al extraño el aspecto de  un ‘extremista’ tratando de ingresar clandestinamente al país”.

Añade la resolución que los funcionarios de Carabineros lo persiguieron a caballo y lo detuvieron, lo que no dijeron en las investigaciones subsecuentes, luego de lo cual, “entre los días 3 al 5 de enero de 1985, militares que conforman una patrulla del Ejército, y que se desplazan  en un vehículo motorizado, se sitúan frente  al andarivel sobre el río Los Sauces, tributario del río Ñuble y único paso desde el oriente con respecto al cajón del río Ñuble, quienes, luego de contactarse con los funcionarios de Carabineros persecutores de Boris Weisfeiler Berstein, colaboran con éstos en la privación ilegítima de libertad y ocultamiento de éste”.

Finaliza la resolución señalando que “los referidos agentes, además de mantener privado de libertad sin causa legal al afectado Boris Weisfeiler adicionalmente, mantienen una conducta persistente de ocultamiento hasta hoy, acerca de las circunstancias de la detención y del paradero de este ciudadano norteamericano, lo que determina en definitiva la desaparición forzada del mismo”.

Lea el auto de procesamiento dictado por el Ministro Zepeda: