Documento de la CIA entrega detalles sobre homicidio del estudiante UdeC José Randolph

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Rocoto, el lugar donde fue hallado el cuerpo de Randolph.

Fue uno de los casos más extraños de la época de Pinochet: involucraba a un estudiante de ingeniería de la Universidad de Concepción que poseía militancia política y cuya familia era más bien de derecha, a dos jóvenes subtenientes de Carabineros, una carta de suicidio y dos de los secuestros más sonados de la historia de Concepción, que afectaron a la esposa del actuario del ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción. José Martínez Gaensly, el ministro, hizo todo lo que pudo en su momento, pero no fue suficiente, pues los dos oficiales implicados quedaron en libertad. No obstante, hoy, cuando el ministro especial Carlos Aldana se apresta a cerrar el sumario por el caso, surge un antecedente clave: un documento secreto de la CIA norteamericana, del 21 de junio de 1985, según el cual Randolph murió en la antigua Cuarta Comisaría de Carabineros de Concepción, luego de lo cual fue arrojado al mar.

Por Carlos Basso

Los hechos se remontan al 26 de mayo de 1985, cuando Randolph, de 23 años, regresaba desde una fiesta en Talcahuano a su pensión, en el sector de Barrio Universitario. De acuerdo a la versión oficial, conducía en estado de ebriedad y por ello golpeó unos conos ubicados en avenida Colón, frente a un retén de Carabineros que había al frente del Club Hípico, lo que habría motivado una persecución en su contra.
Siempre según la versión del gobierno de la época, Randolph fue detenido ya en Concepción, en la vía pública, siendo derivado a la Cuarta Comisaría, ubicada en Brasil con Ongolmo. No obstante, al día siguiente su cadáver fue encontrado al fondo de los roqueríos del sector de Rocoto, en Hualpén, a más de 15 kilómetros de distancia. Según la policía, el joven se había escapado en la noche cuando era conducido al hospital para la realización de la alcoholemia. Desde allí, el centro de Concepción, habría llegado a pie hasta Rocoto, desde donde se había lanzado por un acantilado de unos 100 metros de altura, no sin antes (vaya detalle) escribir una nota de suicidio.
La investigación, asumida por José Martínez, fue extremadamente compleja. La esposa de Eli Farías, su actuario, fue secuestrada dos veces desde su domicilio por desconocidos que la golpearon y le propinaron diversos cortes en el cuerpo. El segundo plagio ocurrió pese a que había una pareja de uniformados que custodiaban su casa. Hubo un peritaje que acreditaba que Randolph había (supuestamente) escrito la nota suicida y Martínez sometió a proceso a los dos subtenientes de guardia esa noche, Mauricio Vera Cortesi y Jaime Barría Sánchez, pero fueron liberados por la Corte Suprema.
Además, nunca se entendió bien cuál había sido el trasfondo del hecho. Durante muchos años se ha especulado con que Randolph mantuvo algún tipo de relación con una joven que era pretendida o que mantenía también algún romance con uno de los oficiales. Otras versiones sostenían que el problema había ocurrido al frente de la casa del Jefe de Zona de Carabineros, que vivía cerca de la pensión del joven, y que tenía que ver con la molestia que habría ocasionado en el general o en la guardia de su domicilio una supuesta llegada muy estrepitosa, lo cual habría generado que se enviara un piquete de carabineros a sacarlo desde el interior de la misma.
El 2010, el juez especial para causas de Derechos Humanos Carlos Aldana reabrió el caso, a raíz de una petición formulada por la hermana de Randolph, Catina. Tras realizar una reconstitución de escena, sometió a proceso a los dos oficiales y actualmente, según informó hace poco el diario El Sur, se encuentra ad portas de cerrar el sumario.

El cable de la CIA

Pese a todo lo que ha pasado, la CIA norteamericana sabía desde el principio lo que había ocurrido. En medio de los 50 mil documentos generados por esa y otras agencias estadounidenses que fueron desclasificados entre 1999 y 2000, no hay ni uno sólo que lleve en su título el nombre de Randolph, ni tampoco documentación que parezca dar cuenta del hecho.

Sin embargo, sí hay un documento de la CIA, fechado el 21 de junio de 1985 y titulado “Comments on human rights and internal carabinero reforms”, que se refiere al caso.

Fiel al estilo de los documentos de la CIA, hay numerosas tachaduras con plumón negro de lo que parece haber sido la fuente de la información, alguien que “citó el homicidio de José Randolph Segovia, un estudiante universitario de Concepción, Chile, cuyo cuerpo fue encontrado el 28 de mayo, tras haber sido detenido por Carabineros. El capitán de Carabineros a cargo de la unidad donde Randolph estuvo detenido reportó oficialmente que Randolph había sido liberado por los carabineros y no había muerto bajo su custodia”.

No obstante, como segundo punto, el cable señala que “los hechos de este caso (tachado) son que Randolph fue arrestado por cargos de conducción en estado de ebriedad cuando golpeó una barricada de Carabineros en frente de la casa de un oficial. El escapó de la custodia, fue recapturado y maltratado en la unidad policial y murió allí, después de lo cual se realizó un torpe intento de encubrir el crimen”.
A continuación, en el mismo párrafo, figura un nuevo borrón, que obviamente busca proteger la identidad de la fuente, pero por lo que esta dice a continuación, queda claro que se trataba de algún oficial de Carabineros, que aseveraba que “aquellos que mintieron en el encubrimiento serán perseguidos tan duramente como aquellos directamente responsables del homicidio”.
El informante, obviamente intentando hacer llegar a los norteamericanos un mensaje positivo acerca de la institución, que en ese momento era cuestionada fuertemente por el caso Degollados, al cual también se refiere después el cable, decía además que “Carabineros debe actuar sólo en materias policiales legítimas, no como una fuerza represiva extra legal o por razones políticas”.
Respecto del triple degollamiento de los profesionales comunistas (asesinados en Santiago el 30 de marzo de ese año) el documento agrega al final, demostrando lo bien informada que estaba la CIA, que si bien la policía insistía en que no tenía relación con los crímenes, el juez José Cánovas Robles estaba pensando en declararse incompetente, dado que “los miembros de la Dirección de Comunicaciones e Inteligencia (Dicomcar) fueron los responsables de los tres secuestros/homicidios”.

Lee el cable de la CIA: